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Nos aventuramos juntos en robos, montando nuestros caballos como las sombras forajidas de la noche que éramos. Aún recuerdo aquellos días en que, al caer la tarde, los demás forajidos se aprovechaban de su vulnerabilidad, obligándolo a realizar actos sexuales contra su voluntad. Y, aunque intentaron quebrarlo, su espíritu nunca se rompió.
Los recuerdos persisten como el polvo que los caballos levantaban en las montañas; imborrables pero superados.
Avanzamos juntos, dejando atrás viejas historias en el camino, abrazando la libertad que tanto anhelamos.